Querido diario:
Tengo
malas noticias: el mundo se va a acabar.
Bueno,
a lo mejor no todo el mundo, pero por lo menos un pedazo, sí. Seguro. Y puede que
sea el nuestro.
Estoy
angustiadísima.
Con
lo bien que empezó el día, que nos fuimos con la Elena, la Carmencita y la
Mariluz a jugar al llano, y luego llegaron más niños y jugamos todos juntos.
Ay, que tú no sabes lo que es el llano, que no te lo he explicado. El llano es
un solar, un descampado que está en medio de los edificios del barrio, es
cuadrado y su espacio es tan grande como los bloques de pisos en los que
vivimos, solo que no está edificado, porque ahí va la “zona verde” del barrio,
que en realidad va a ser un parque. Es que este barrio es nuevo y aún faltan
cosas por terminar, como la “zona verde”, solo que los edificios los terminaron
hace ya siete años y el parque todavía no lo empiezan. Hace algún tiempo llegó
un camión y dejó ahí una especie de bombo metálico muy grande de color amarillo,
algo parecido a la cuba de un camión hormigonera, pero no exactamente igual, que
tiene un orificio redondo con una puertecita en uno de los extremos. Los
vecinos se pusieron muy contentos porque los hombres que lo trajeron dijeron
que era para las obras para el parque, que iban a comenzar y ya estaban
trayendo los materiales. Pero nunca más volvieron ni nadie vino a dejar nada
más, y de eso hace ya años, y el bombo amarillo sirve de lugar de juegos a los
niños, que se suben encima, le tiran piedras y lograron abrir la portezuela de
la ventanita y se meten dentro, que está lleno de cascotes, que ya cuando
empiecen las obras de verdad no les va a servir, porque está todo abollado y
oxidado, van a tener que comprar uno nuevo.
Y
entretanto, como te decía, los niños juegan en el llano, y lo pasan muy bien, y
sus mamás están tranquilas porque los controlan desde el balcón y los llaman desde
ahí cuando está la comida o les riñen a gritos si los ven pelearse con su hermanito
y cosas así. Los tienen siempre a mano. A mí me pone un poco nerviosa ir al
llano, para qué te voy a mentir, todo lo que sea tierra y polvo me tensa, no
quiero que se me manche mi lindo vestido. Podrían hacerme uno para diario, como
a la Eva y a la Carmencita. Detalles aparte, en el llano se pasa muy bien,
porque aunque no hay árboles, hay hierba y unas flores amarillas pequeñitas, y
margaritas, y piedras y palos, y un perro que se llama Chico y que nadie sabe
de quién es pero es de todos, y con todo esto las niñas hacen casitas en las
que juegan. Bueno, con todo esto y con mucha, pero muuuuuuuucha imaginación. Las
casitas son un cuadrado trazado en el suelo con un palo y rellenan el interior
con la hierba más verde que encuentran y, por encima, la adornan con florecitas
cortadas, y marcan los espacios con el palo. Luego se sientan alrededor en
sillas armadas con piedras o palos, reparten los roles (tú eres el papá, yo la
mamá, tú el niño chico…) y empiezan a jugar. Las casitas más bonitas son las
que hace la Maribel, que a veces viene a buscar a las niñas y entonces ellas
aprovechan y le piden que les haga una casita porque ella siempre encuentra
algún detalle bonito que añadir: una flor diferente, un botón grande de nácar,
una chapa de metal de colores brillantes, una piedra con forma de corazón,… no
sé cómo lo hace, pero siempre le da un toque especial.
Con este panorama tan encantador
nada hacía presagiar que el mundo se iba a acabar de un momento a otro. ¿A que
no?
Pues
sí. Para que veas, las vueltas que da la vida.
Cuando
volvimos a casa a para el almuerzo la mamá y la Maribel estaban escuchando la
radio muy atentas, cosa rara porque aunque la radio siempre está puesta en esta
casa, es como un sonido de fondo que nadie se detiene a escuchar, pero esta vez
ninguna de las dos decía ni mu, al contrario, como entramos haciendo ruido nos
mandaron callar pero sin palabras, llevándose el dedo cada una a la boca, en
señal de silencio. Y la radio decía que hay una cosa en el espacio que se llama
Skylab, que es de los americanos, que lo habían colgado en el cielo hace ya tiempo
y ahora se ve que se les ha caído, porque viene derechito a estrellarse contra
la tierra, si señor. El problema es que no saben donde, y por eso todo el mundo
está en superalerta, porque puede ser en cualquier sitio. Y no es que caiga así
de caer y ya está, no, es que como viene cayendo de muy lejos, pues trae una
velocidad supersónica que no te puedes ni imaginar y para más inri, sí, todavía
más, al llegar a la atmósfera se va a incendiar, así que va a caer pero como una
gran bola en llamas que lo va a destruir todo a su paso y allá donde caiga va a
abrir un boquete como una catedral.
Va
a ser el apocalipsis de fuego y muerte.
Así
se lo explicó la Maribel a una aterrorizada Eva, para que lo entendiera, y así
se generó más o menos este diálogo:
Eva: Bueno, pero si cae en el
barrio salimos corriendo.
Maribel: ¿A dónde vas a correr,
no ves que se va a incendiar todo? No puedes escaparte. Te vas a morir.
Eva: Pero yo corro muy rápido, la
Elena nunca me atrapa cuando jugamos a pillar.
Maribel: ¿Y si cae aquí mismo, en
nuestro bloque, en nuestra casa? Te mueres.
Eva: De un salto me escapo hasta
la mitad del llano. (Para la Eva eso es lejísimos).
Maribel: Que te he dicho que se
incendia todo, si cae en la casa el fuego llega hasta ahí enfrente. Además, no
te da tiempo a llegar. Que te mueres fijo, no puedes escapar.
Mamá: ¿Te quieres callar ya y
dejar de asustar a la chiquilla? ¡Que luego tiene pesadillas! Venga, dejar de
hablar y a poner la mesa que vamos a comer.
Menos
mal que la Carmencita se había ido al baño a lavarse las manos y a seguir
masticando el Bazooka que tenía en la boca sin que la viera la mamá, y no
escuchó esta conversación, si no se muere allí mismo, con lo impresionable que
es ella, aunque después cuando llegó el papá, en el almuerzo, solo hablaron de
eso, pero el papá trató de tranquilizarlas y decía que el mundo es muy grande,
que a lo mejor el Skylab cae en otro lado que no sea el barrio, por ejemplo, en
el mar.
Ahora
todos están haciendo la siesta, menos yo, como para dormir la siesta estoy yo,
no paro de pensar que esa cosa está ahí fuera, cayendo ahora mismo hacia la
tierra, viniendo hacia a mi cabeza… Ni la Eva tampoco, que yo creo que tiene
pesadillas, que se anda revolviendo inquieta en la cama. Y entre los juguetes
hay bastante inquietud y un silencio inusual. La Lesly está aterrada, no se
separa de mí, y dice que hoy duerme conmigo, que menos mal que estoy yo aquí,
su hermana mayor, para protegerla. Me conmovió y le di un abrazo para
consolarla, que al final somos hermanas y quien sabe si será nuestra última
noche juntas. Después, muy compungida, dijo que se iba a su cuarto, que tenía
que probarse todos sus vestiditos y decidir cuál se iba a poner para el fin del
mundo, que por suerte yo no tenía ese problema porque solo tengo uno, y
entonces me dieron ganas de estrangularla. Pero se me pasaron enseguida.
Pobrecilla, lo decía en serio. Si es que igual es chica e inocente aunque sea
tan tonta. A ver como aparece luego.
Ya
te contaré qué pasa. O no.
Me
despido tal vez para siempre. Esta puede ser mi última comunicación.
Quien
sabe si habrá un mañana.
Bueno, calma todo el mundo, que seguro que el fin del mundo no va a ser tan inmimente. Y mira, si además todo ha servido para que las dos hermanas se acerquen emocionalmente mejor que mejor.
ResponderEliminarFeliz semana :-)
Gracias, Ilona. Lo que pasa es que Nancy es un poco impresionable y sí, al final va a ejercer de hermana mayor, ya verás.
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