domingo, 7 de mayo de 2017

Diario de una Nancy de los 70











Querido diario:
Tengo malas noticias: el mundo se va a acabar.
Bueno, a lo mejor no todo el mundo, pero por lo menos un pedazo, sí. Seguro. Y puede que sea el nuestro.
Estoy angustiadísima.
Con lo bien que empezó el día, que nos fuimos con la Elena, la Carmencita y la Mariluz a jugar al llano, y luego llegaron más niños y jugamos todos juntos. Ay, que tú no sabes lo que es el llano, que no te lo he explicado. El llano es un solar, un descampado que está en medio de los edificios del barrio, es cuadrado y su espacio es tan grande como los bloques de pisos en los que vivimos, solo que no está edificado, porque ahí va la “zona verde” del barrio, que en realidad va a ser un parque. Es que este barrio es nuevo y aún faltan cosas por terminar, como la “zona verde”, solo que los edificios los terminaron hace ya siete años y el parque todavía no lo empiezan. Hace algún tiempo llegó un camión y dejó ahí una especie de bombo metálico muy grande de color amarillo, algo parecido a la cuba de un camión hormigonera, pero no exactamente igual, que tiene un orificio redondo con una puertecita en uno de los extremos. Los vecinos se pusieron muy contentos porque los hombres que lo trajeron dijeron que era para las obras para el parque, que iban a comenzar y ya estaban trayendo los materiales. Pero nunca más volvieron ni nadie vino a dejar nada más, y de eso hace ya años, y el bombo amarillo sirve de lugar de juegos a los niños, que se suben encima, le tiran piedras y lograron abrir la portezuela de la ventanita y se meten dentro, que está lleno de cascotes, que ya cuando empiecen las obras de verdad no les va a servir, porque está todo abollado y oxidado, van a tener que comprar uno nuevo.
Y entretanto, como te decía, los niños juegan en el llano, y lo pasan muy bien, y sus mamás están tranquilas porque los controlan desde el balcón y los llaman desde ahí cuando está la comida o les riñen a gritos si los ven pelearse con su hermanito y cosas así. Los tienen siempre a mano. A mí me pone un poco nerviosa ir al llano, para qué te voy a mentir, todo lo que sea tierra y polvo me tensa, no quiero que se me manche mi lindo vestido. Podrían hacerme uno para diario, como a la Eva y a la Carmencita. Detalles aparte, en el llano se pasa muy bien, porque aunque no hay árboles, hay hierba y unas flores amarillas pequeñitas, y margaritas, y piedras y palos, y un perro que se llama Chico y que nadie sabe de quién es pero es de todos, y con todo esto las niñas hacen casitas en las que juegan. Bueno, con todo esto y con mucha, pero muuuuuuuucha imaginación. Las casitas son un cuadrado trazado en el suelo con un palo y rellenan el interior con la hierba más verde que encuentran y, por encima, la adornan con florecitas cortadas, y marcan los espacios con el palo. Luego se sientan alrededor en sillas armadas con piedras o palos, reparten los roles (tú eres el papá, yo la mamá, tú el niño chico…) y empiezan a jugar. Las casitas más bonitas son las que hace la Maribel, que a veces viene a buscar a las niñas y entonces ellas aprovechan y le piden que les haga una casita porque ella siempre encuentra algún detalle bonito que añadir: una flor diferente, un botón grande de nácar, una chapa de metal de colores brillantes, una piedra con forma de corazón,… no sé cómo lo hace, pero siempre le da un toque especial.
Con este panorama tan encantador nada hacía presagiar que el mundo se iba a acabar de un momento a otro. ¿A que no?
Pues sí. Para que veas, las vueltas que da la vida.
Cuando volvimos a casa a para el almuerzo la mamá y la Maribel estaban escuchando la radio muy atentas, cosa rara porque aunque la radio siempre está puesta en esta casa, es como un sonido de fondo que nadie se detiene a escuchar, pero esta vez ninguna de las dos decía ni mu, al contrario, como entramos haciendo ruido nos mandaron callar pero sin palabras, llevándose el dedo cada una a la boca, en señal de silencio. Y la radio decía que hay una cosa en el espacio que se llama Skylab, que es de los americanos, que lo habían colgado en el cielo hace ya tiempo y ahora se ve que se les ha caído, porque viene derechito a estrellarse contra la tierra, si señor. El problema es que no saben donde, y por eso todo el mundo está en superalerta, porque puede ser en cualquier sitio. Y no es que caiga así de caer y ya está, no, es que como viene cayendo de muy lejos, pues trae una velocidad supersónica que no te puedes ni imaginar y para más inri, sí, todavía más, al llegar a la atmósfera se va a incendiar, así que va a caer pero como una gran bola en llamas que lo va a destruir todo a su paso y allá donde caiga va a abrir un boquete como una catedral.
Va a ser el apocalipsis de fuego y muerte.
Así se lo explicó la Maribel a una aterrorizada Eva, para que lo entendiera, y así se generó más o menos este diálogo:

Eva: Bueno, pero si cae en el barrio salimos corriendo.
Maribel: ¿A dónde vas a correr, no ves que se va a incendiar todo? No puedes escaparte. Te vas a morir.
Eva: Pero yo corro muy rápido, la Elena nunca me atrapa cuando jugamos a pillar.
Maribel: ¿Y si cae aquí mismo, en nuestro bloque, en nuestra casa? Te mueres.
Eva: De un salto me escapo hasta la mitad del llano. (Para la Eva eso es lejísimos).
Maribel: Que te he dicho que se incendia todo, si cae en la casa el fuego llega hasta ahí enfrente. Además, no te da tiempo a llegar. Que te mueres fijo, no puedes escapar.
Mamá: ¿Te quieres callar ya y dejar de asustar a la chiquilla? ¡Que luego tiene pesadillas! Venga, dejar de hablar y a poner la mesa que vamos a comer.

Menos mal que la Carmencita se había ido al baño a lavarse las manos y a seguir masticando el Bazooka que tenía en la boca sin que la viera la mamá, y no escuchó esta conversación, si no se muere allí mismo, con lo impresionable que es ella, aunque después cuando llegó el papá, en el almuerzo, solo hablaron de eso, pero el papá trató de tranquilizarlas y decía que el mundo es muy grande, que a lo mejor el Skylab cae en otro lado que no sea el barrio, por ejemplo, en el mar.
Ahora todos están haciendo la siesta, menos yo, como para dormir la siesta estoy yo, no paro de pensar que esa cosa está ahí fuera, cayendo ahora mismo hacia la tierra, viniendo hacia a mi cabeza… Ni la Eva tampoco, que yo creo que tiene pesadillas, que se anda revolviendo inquieta en la cama. Y entre los juguetes hay bastante inquietud y un silencio inusual. La Lesly está aterrada, no se separa de mí, y dice que hoy duerme conmigo, que menos mal que estoy yo aquí, su hermana mayor, para protegerla. Me conmovió y le di un abrazo para consolarla, que al final somos hermanas y quien sabe si será nuestra última noche juntas. Después, muy compungida, dijo que se iba a su cuarto, que tenía que probarse todos sus vestiditos y decidir cuál se iba a poner para el fin del mundo, que por suerte yo no tenía ese problema porque solo tengo uno, y entonces me dieron ganas de estrangularla. Pero se me pasaron enseguida. Pobrecilla, lo decía en serio. Si es que igual es chica e inocente aunque sea tan tonta. A ver como aparece luego.
Ya te contaré qué pasa. O no.
Me despido tal vez para siempre. Esta puede ser mi última comunicación.
Quien sabe si habrá un mañana.

2 comentarios:

  1. Bueno, calma todo el mundo, que seguro que el fin del mundo no va a ser tan inmimente. Y mira, si además todo ha servido para que las dos hermanas se acerquen emocionalmente mejor que mejor.
    Feliz semana :-)

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    1. Gracias, Ilona. Lo que pasa es que Nancy es un poco impresionable y sí, al final va a ejercer de hermana mayor, ya verás.

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