Lesly lleva una faldita corta y
minitop de hilo egipcio turquesa, tela estampada, lazo y pedrería. Los zapatos
azules turquesa combinan a la perfección.
Muy adecuado para pasear por las
playas de Hawái, en sus próximas vacaciones.
Lesly celebra la Navidad con este
vestido
blanco con bolsillos y pedrería de colores, todo brillos y
alegría, muy a juego con el árbol.
Y el bolsito también, blanco con botones de flores de
colores.
Como un regalo sin
abrir. Chloé
lleva este vestidito corto con ramo de flores de pedrería apto para toda fiesta
de cualquier hora del día. Y un lindo bolsito a juego.
La pequeña Flor lleva un conjunto de vestido blanco y chaleco
redondo en color salmón, todo en lana baby. Se acompaña con cintillo decorado
con flor y perlitas. Bolsito y zapatos I love Minnie.
Nada
más levantarse la Eva se ha puesto a jugar conmigo. Ella también es muy feliz.
Pero lo mejor ha sido lo que vino después: He tenido mi primera salida a la
calle, y ha sido al mejor lugar del mundo. No, si yo te lo decía, tiempo tendré
de salir, y qué razón tenía.
Pues
no te lo vas a creer: Fuimos a la tienda de telas, pero no a cualquiera, a la
mejor y más famosa del barrio, a Retales La Aurora. Esto sí que ha sido entrar
por la puerta grande, vamos, llegar y besar el santo.
Nos
fuimos tempranito, todas juntas, la mamá metiendo prisa porque después empezaba
a llegar gente y la dueña, que no se llama Aurora sino Juanita, no podría
atendernos igual de bien. Comprenderás que una tienda de telas no es cualquier
tienda, no se trata de llegar y decir: “dos de esto, tres de aquello y un
cuarto de lo otro”. No, en Retales La Aurora eso no es así. En Retales La
Aurora tú tienes que llegar, saludas a Juanita, le preguntas como está, te
cuenta un poquito y te pregunta lo mismo ella a ti, tú le cuentas lo mismo
también y, seguidamente, pasas a relatarle lo que te lleva por allí, que no es
solo comprar un trozo de tela. No. Tú le cuentas que venís porque las niñas se
van a hacer los vestidos para el verano, concretamente para estrenarlos en la
feria del pueblo, como cada año, y que quieres ver telas, y a continuación, le
empiezas a decir como es tu idea de como quieres que sean los vestidos, un
ritual que la mamá de la Eva iba cumpliendo puntual y escrupulosamente. Y entretanto,
la Juanita la escuchaba muy seria detrás del mostrador, con los ojos
entornados, muy concentrada y muy quieta, como si en su mente estuviera viendo
ya los vestidos hechos y terminados y todo, hasta que de pronto, fue como si le
hubiera llegado la iluminación divina. Salió de golpe del trance y se puso a
correr de un lado a otro de la tienda sacando rollos de tela que iba
extendiendo sobre el mostrador, mientras decía: “esta estaría muy bien para la
Carmencita, y estas, mira para la Eva, y para lo que quieres hacerle a la
Maribel podrían ser estas otras”, pero uno detrás de otro, eh, no paraba.
La
Juanita es una máquina, una experta, una erudita de los retales.
Vestido largo
negro con cola, pedrería roja y negra con tul rojo. Lesly lleva un bolso negro
aunque también se puede combinar con uno rojo. Sandalias rojas con lentejuelas.
Y una espectacular rosa roja y negra con plumas a modo de tocado en el cabello.
Y aquí posando a lo Elsa Pataky, la elaborada espalda de este vestido lo merece:
¡Lo
logré! ¡Por fin soy libre! ¡Por fin salí del armario!
Estoy
tan feliz que no tengo palabras, ha sido como un milagro, y tan inesperado,
cuando ya creí que todo estaba perdido.
Te
cuento, te cuento como ha sido todo:
Pues
resulta que la familia terminó la siesta y todo volvió a la normalidad: la mamá
a la cocina, el papá a prepararse para volver al trabajo, la Maribel a sus
libros, y la Eva a llorar al pie de la cama, con la Carmencita al lado. El papá
y la Maribel se pusieron de acuerdo y, apoyándose y dándose ánimos el uno al
otro, partieron a la cocina a rogar de nuevo por mi liberación, momento en que
la Eva dejó de llorar y se puso a escuchar junto a la puerta, con el corazón
encogido y rezando para que la mamá cediera, y yo igual que ella, que hasta
aquí los escuchaba hablar a los tres.
El
papá y la Maribel: que si anda, por favor, que si no seas así, que la chiquilla
sacó muy buenas notas, que si ya es más grande y es cuidadosa y no la va a
romper, que si mírala como llora, el sofocón que está pasando, que si no te da
pena,…
Y
la mamá que no, que es una muñeca cara y muy bonita y hay que conservarla y se
queda guardada, que en cuanto la saque le va a manchar el vestido y la va a
despeinar y que no, que juegue con las otras que tiene, que esa no es para
jugar, y que no, y que no y que no, y de ahí no había quien la sacara.
Hubiera
sido más fácil derribar la Gran Muralla China a chancletazos que convencer a
esta mujer. Así de dura ella y así de mal estaba la cosa. Y el papá y la
Maribel ya se iban cansando y dejando de insistir y yo me iba deprimiendo y
hundiendo en la oscuridad del negro futuro que me aguardaba y la Eva empezaba a
hipar de nuevo… cuando, de pronto, sonó el timbre de la puerta.