Querido diario:
No
te vas a creer lo que ha sucedido, ¡uy, cuando te cuente! No sé ni por dónde
empezar, todavía estoy en shock. Me siento como las heroínas de esas novelas
decimonónicas que lee la Maribel, que un día son reinas y señoras en la corte
de un poderoso rey y al día siguiente son arrojadas al arroyo y mendigan
descalzas un pedazo de pan lamentando su destino. Igualita.
Bueno,
no tanto, pero es para que te hagas una idea.
No,
no te preocupes que no he vuelto al altillo del armario, aunque qué quieres que
te diga, ganas de esconderme sí que me dieron cuando pasó lo que pasó y
apareció quien apareció.
¿Y
quién apareció, eh, quién apareció? Pues la que menos me esperaba, que es que
yo ya ni me acordaba de ella, que no te lo vas ni a creer, ni yo todavía me lo
creo tampoco. Te cuento, te cuento como fue, que te vas a caer de espaldas.
Pues
ayer, al anochecer, la familia salió un rato al bar de los hermanos Campos a
tomar el fresco en su terraza después del día tan caluroso que hizo, y yo me
quedé en casa. A mí no me llevan, pero es para que no me manche, no porque no
me quieran, que yo soy todo para la Eva, lo más importante en su vida. Como te
iba contando, estaba yo tan tranquila en compañía de los demás juguetes del
cuarto cuando de repente, se hizo un murmullo y un “¡Ooooooooh!” de admiración
y yo, “¿qué pasa, qué pasa?”, que todavía no veía lo que pasaba, y todos “qué
guapa, qué mona es esta chica, y siempre tan bien vestida, qué estilo, qué
clase tiene, es que va siempre de punta en blanco” y de repente, veo que entra
por la puerta: ¡La Lesly!
¡Era
la Lesly!
Y
no entró de cualquier manera, no. No vino y me dio un besito de hermanas. Qué
va, ella no puede hacer las cosas normales, como todo el mundo, ella tiene que
dar la nota, así es ella. Y así, hizo una entrada triunfal con un vestido
negro, largo y pomposo, todo con aplicaciones de hojas y flores rojas bien
brillantes, que deslumbraban la vista, y tul rojo, y un floripondio rojo en el
pelo que le pillaba toda la cabeza rematado con una pluma que llegaba al techo.
Vamos, que parecía María Callas saliendo de interpretar La Traviata para
saludar a sus admiradores, porque igual la recibieron: la Barriguitas le tendía
sus bracitos y le sonreía embobada, al Tonino se le cayó el chupete pero no se
puso a llorar, las muñecas recortables todas asomadas a su caja, mirando sin
pestañear, la muñeca de trapo aplaudía sin parar,… y la Lesly repartiendo saludos
para todos lados, muy en su papel, muy fina y educada, como si fuera la
Kennedy, o la Kényde, como dice la vecina de la Eva.
Y
lo peor no fue eso. No.
Lo
peor es que como habían estado jugando con las telas, la Eva se fue sin ponerme
mi vestido y yo llevaba puesto, a modo de top, un trozo de tela a rayas verdes,
amarillas y naranjas, anudada por encima del hombro, pero con un gran nudo y, a
modo de falda, una tela con estampado de leopardo que me daba un par de vueltas
al cuerpo y también la había anudado a un lado. No, la Eva no tiene mucho
criterio a la hora de combinar estampados, no precisamente, uno y otro no
pegaban ni con cola. Y para colmo las telas solo habían sido cortadas con las
tijeras, a la rápida, por lo que no eran muy rectas y se deshilachaban por los
bordes.
¿Te
imaginas cómo me quedé?
¡Qué
situación!
Yo
allí, con las dichosas telas reliadas y anudadas por el cuerpo, que parecía la
novia de Tarzán, y más con el estampado de leopardo ese, y al frente, Grace
Kelly princesa de Mónaco presidiendo el Baile de la Rosa.
¡Tierra,
trágame! ¡Qué apuro!
“¡Hermaniiiita!”,
gritó mientras corría graciosamente hacia mí cogiéndose su vestido para no
pisarlo y me daba un gran abrazo de fingido amor fraternal. “¡Qué alegría! En
cuanto supe que estabas aquí vine a verte, qué ganas tenía de abrazarte y darte
un beso! Por fin juntas, qué bien lo vamos a pasar…”.
¿En
cuanto supo que estaba aquí…? Pero si ya llevo aquí cinco días, ¿y no se había
enterado? ¿Cómo es posible, en un piso de 70 metros? Mentira, lo que pasa es
que esta sabía lo de la modista y esperó el momento de verme con estas pintas
para aparecerse con sus mejores galas y dejarme por los suelos, que me dejó más
tirada que una tanga, si la conoceré yo, que no da puntada sin hilo, anda que
no es larga, y luego viene haciéndose la inocente. Lagarta, más que lagarta,
que siempre tiene que quedar por encima.
Y
luego me decía: “¿Y tú cuántos vestidos tienes? Ah, solo uno, el que traías de
la fábrica, claro, pobrecita… Pues yo tengo como cuarenta. ¡Que lástima que no
tengamos la misma talla, si no te los prestaría todos y los compartiría
contigo, me encantaría que pudieras usarlos, son tan bonitos, estarías tan
guapa, créeme, me parte el corazón que eso no pueda ser…”.
¡Falsa!
¡Será falsa! No me iba a prestar nada, solo lo decía para quedar bien y darme
más rabia todavía, que me tiene malas porque mi catálogo de vestiditos es más
completo y mucho más sofisticado que el suyo. ¡Ay, mi catálogo y mi linda
ropita! Cómo la eché de menos en ese momento.
Y
así un rato largo.
Aguanté
el tipo como pude hasta que su alteza se retiró a sus aposentos, el cuarto de
la Maribel, y pude relajarme, y ahí me enteré de toda la historia, que me la
contó la Core, y es que resulta que la Lesly es la consentida de la Maribel, y
como ella es muy apañada y no puede estar con las manos quietas, se pone a ver
la tele y mientras dibuja o teje o se hace collares de cuentas, y todo
precioso. Ella es muy creativa, muy artista, y así le tiene un armario a la
Lesly que no le falta un detalle, bolsos, zapatos, chales,… de todo tiene.
Y
entre tanto, pues la Eva es que no sabe coger una aguja, claro, si tienes seis
años, tampoco la dejaría su mamá, no sé que me creía yo, y a lo más que puedo
aspirar es a esto, a las telas reliadas y anudadas por el cuerpo y en la
cabeza, y rezar para que tenga buen tino a la hora de combinar colores y
estampados y que crezca pronto y aprenda a tejer y a coser. No me queda de
otra.
Ahora,
que ya me repondré, que esto ha sido hoy porque me ha pillado de improviso,
pero a mí esta me tiene que respetar, que por algo soy la mayor, que yo nací
antes, y ella es una recién llegada y gracias a mi éxito, ¿que es eso de
hacerme sombra ella a mí? No, tiene que ser al revés. Ya se va a enterar de
quién soy yo.
Ay, y yo que pensaba que me había
librado de ella el día que salí de la fábrica.
Qué chispa tiene este diario, parece una novela costumbrista. Lo digo sin ápice de ironía, me encanta y me parece que está estupendamente escrito.
ResponderEliminarEspero impaciente el siguiente capítulo.
Saludos.
Muchas gracias, Ilona, me alegro mucho de que te guste. Seguirán las aventuras y las sorpresas!
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