sábado, 25 de marzo de 2017

Diario de una Nancy de los 70













Querido diario:
No te vas a creer lo que ha sucedido, ¡uy, cuando te cuente! No sé ni por dónde empezar, todavía estoy en shock. Me siento como las heroínas de esas novelas decimonónicas que lee la Maribel, que un día son reinas y señoras en la corte de un poderoso rey y al día siguiente son arrojadas al arroyo y mendigan descalzas un pedazo de pan lamentando su destino. Igualita.
Bueno, no tanto, pero es para que te hagas una idea.
No, no te preocupes que no he vuelto al altillo del armario, aunque qué quieres que te diga, ganas de esconderme sí que me dieron cuando pasó lo que pasó y apareció quien apareció.
¿Y quién apareció, eh, quién apareció? Pues la que menos me esperaba, que es que yo ya ni me acordaba de ella, que no te lo vas ni a creer, ni yo todavía me lo creo tampoco. Te cuento, te cuento como fue, que te vas a caer de espaldas.
Pues ayer, al anochecer, la familia salió un rato al bar de los hermanos Campos a tomar el fresco en su terraza después del día tan caluroso que hizo, y yo me quedé en casa. A mí no me llevan, pero es para que no me manche, no porque no me quieran, que yo soy todo para la Eva, lo más importante en su vida. Como te iba contando, estaba yo tan tranquila en compañía de los demás juguetes del cuarto cuando de repente, se hizo un murmullo y un “¡Ooooooooh!” de admiración y yo, “¿qué pasa, qué pasa?”, que todavía no veía lo que pasaba, y todos “qué guapa, qué mona es esta chica, y siempre tan bien vestida, qué estilo, qué clase tiene, es que va siempre de punta en blanco” y de repente, veo que entra por la puerta: ¡La Lesly!
¡Era la Lesly!
Mi hermana pequeña. Sí, esa, ni más ni menos.

Y no entró de cualquier manera, no. No vino y me dio un besito de hermanas. Qué va, ella no puede hacer las cosas normales, como todo el mundo, ella tiene que dar la nota, así es ella. Y así, hizo una entrada triunfal con un vestido negro, largo y pomposo, todo con aplicaciones de hojas y flores rojas bien brillantes, que deslumbraban la vista, y tul rojo, y un floripondio rojo en el pelo que le pillaba toda la cabeza rematado con una pluma que llegaba al techo. Vamos, que parecía María Callas saliendo de interpretar La Traviata para saludar a sus admiradores, porque igual la recibieron: la Barriguitas le tendía sus bracitos y le sonreía embobada, al Tonino se le cayó el chupete pero no se puso a llorar, las muñecas recortables todas asomadas a su caja, mirando sin pestañear, la muñeca de trapo aplaudía sin parar,… y la Lesly repartiendo saludos para todos lados, muy en su papel, muy fina y educada, como si fuera la Kennedy, o la Kényde, como dice la vecina de la Eva.
Y lo peor no fue eso. No.
Lo peor es que como habían estado jugando con las telas, la Eva se fue sin ponerme mi vestido y yo llevaba puesto, a modo de top, un trozo de tela a rayas verdes, amarillas y naranjas, anudada por encima del hombro, pero con un gran nudo y, a modo de falda, una tela con estampado de leopardo que me daba un par de vueltas al cuerpo y también la había anudado a un lado. No, la Eva no tiene mucho criterio a la hora de combinar estampados, no precisamente, uno y otro no pegaban ni con cola. Y para colmo las telas solo habían sido cortadas con las tijeras, a la rápida, por lo que no eran muy rectas y se deshilachaban por los bordes.
¿Te imaginas cómo me quedé?
¡Qué situación!
Yo allí, con las dichosas telas reliadas y anudadas por el cuerpo, que parecía la novia de Tarzán, y más con el estampado de leopardo ese, y al frente, Grace Kelly princesa de Mónaco presidiendo el Baile de la Rosa.
¡Tierra, trágame! ¡Qué apuro!
“¡Hermaniiiita!”, gritó mientras corría graciosamente hacia mí cogiéndose su vestido para no pisarlo y me daba un gran abrazo de fingido amor fraternal. “¡Qué alegría! En cuanto supe que estabas aquí vine a verte, qué ganas tenía de abrazarte y darte un beso! Por fin juntas, qué bien lo vamos a pasar…”.
¿En cuanto supo que estaba aquí…? Pero si ya llevo aquí cinco días, ¿y no se había enterado? ¿Cómo es posible, en un piso de 70 metros? Mentira, lo que pasa es que esta sabía lo de la modista y esperó el momento de verme con estas pintas para aparecerse con sus mejores galas y dejarme por los suelos, que me dejó más tirada que una tanga, si la conoceré yo, que no da puntada sin hilo, anda que no es larga, y luego viene haciéndose la inocente. Lagarta, más que lagarta, que siempre tiene que quedar por encima.
Y luego me decía: “¿Y tú cuántos vestidos tienes? Ah, solo uno, el que traías de la fábrica, claro, pobrecita… Pues yo tengo como cuarenta. ¡Que lástima que no tengamos la misma talla, si no te los prestaría todos y los compartiría contigo, me encantaría que pudieras usarlos, son tan bonitos, estarías tan guapa, créeme, me parte el corazón que eso no pueda ser…”.
¡Falsa! ¡Será falsa! No me iba a prestar nada, solo lo decía para quedar bien y darme más rabia todavía, que me tiene malas porque mi catálogo de vestiditos es más completo y mucho más sofisticado que el suyo. ¡Ay, mi catálogo y mi linda ropita! Cómo la eché de menos en ese momento.
Y así un rato largo.
Aguanté el tipo como pude hasta que su alteza se retiró a sus aposentos, el cuarto de la Maribel, y pude relajarme, y ahí me enteré de toda la historia, que me la contó la Core, y es que resulta que la Lesly es la consentida de la Maribel, y como ella es muy apañada y no puede estar con las manos quietas, se pone a ver la tele y mientras dibuja o teje o se hace collares de cuentas, y todo precioso. Ella es muy creativa, muy artista, y así le tiene un armario a la Lesly que no le falta un detalle, bolsos, zapatos, chales,… de todo tiene.
Y entre tanto, pues la Eva es que no sabe coger una aguja, claro, si tienes seis años, tampoco la dejaría su mamá, no sé que me creía yo, y a lo más que puedo aspirar es a esto, a las telas reliadas y anudadas por el cuerpo y en la cabeza, y rezar para que tenga buen tino a la hora de combinar colores y estampados y que crezca pronto y aprenda a tejer y a coser. No me queda de otra.
Ahora, que ya me repondré, que esto ha sido hoy porque me ha pillado de improviso, pero a mí esta me tiene que respetar, que por algo soy la mayor, que yo nací antes, y ella es una recién llegada y gracias a mi éxito, ¿que es eso de hacerme sombra ella a mí? No, tiene que ser al revés. Ya se va a enterar de quién soy yo.

Ay, y yo que pensaba que me había librado de ella el día que salí de la fábrica. 

2 comentarios:

  1. Qué chispa tiene este diario, parece una novela costumbrista. Lo digo sin ápice de ironía, me encanta y me parece que está estupendamente escrito.
    Espero impaciente el siguiente capítulo.
    Saludos.

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  2. vestiditos y muñecas26 de marzo de 2017 a las 7:35

    Muchas gracias, Ilona, me alegro mucho de que te guste. Seguirán las aventuras y las sorpresas!

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